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Caballos demasiado delgados, consejos para que recuperen su peso

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En este caso, esta es una traducción de un artículo de la revista Equus, que me pareció que ofrecía una información muy completa.
 

Si tu caballo está demasiado delgado, tanto si es por una situación anómala breve como si es una lucha crónica, una alimentación cuidada puede ayudar a que suba de peso.

 

Pasar por alto un cambio sutil es más fácil de lo que parece. Cuando cuidas de tu caballo cada día, puede que no observes pequeñas variaciones en su forma física. Entonces un día te das cuenta, cuando le ves andar hacia ti desde el paddock puedes ver una línea en cada costilla de sus costados, su grupa parece menos redonda también. Es evidente que tu caballo está perdiendo peso. Y de repente vuelan las preguntas a tu mente: ¿Qué va mal? ¿Está enfermo? ¿No le estoy alimentando bien?

 

Tranquilo/a. Muchos caballos delgados no sufren de nada más que de falta de comida! Según la nutricionista equina Sarah Ralston de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey. En otras palabras, un caballo pierde peso simplemente porque no se están satisfaciendo sus necesidades calóricas. O está quemando más energía de la que consume o por algún motivo no está asimilando la comida que come de manera eficiente.

 

La siguiente pregunta es: ¿porqué? Hay numerosos motivos que pueden causar la pérdida de peso de un caballo y para ayudarle a ganar unos kilos, primero debes comprender y localizar qué es lo que va mal. Sólo entonces puedes desarrollar un plan para hacer que vuelva a su peso ideal.

 

Porqué pierden peso los caballos

 

Hay muchos factores, físicos y mentales, que pueden causar que un caballo pierda peso, y de hecho, sus dificultades pueden derivar de múltiples problemas. Por supuesto, algunos caballos parece que por su naturaleza tengan tendencia perder peso. Un caballo que no mantiene su peso puede tener un metabolismo que requiera una cantidad mayor de lo habitual de calorías para lograrlo. O puede que pierda fácilmente el apetito, y con ello peso, en respuesta incluso a pequeñas variaciones de su rutina, cambios de tiempo u otros factores. De la misma manera, un caballo que se estresa por un transporte, un entrenamiento intenso, disputas en la manada u otras alteraciones puede comer menos o consumir más energía y acabar perdiendo peso. Pero si no es el caso y tu caballo, habitualmente robusto, de repente pierde peso sin motivo

aparente, pregunta a tu veterinario para que investigue la causa. Aquí hay algunas posibilidades:

 

Enfermedad. Hay un cierto número de enfermedades que pueden causar pérdida de peso. La mayoría irán acompañadas de otras señales evidentes, como diarrea, cólico, fiebre o letargo. Pero en algunos casos las señales pueden ser muy sutiles o casi imperceptibles. “Si tu caballo empieza a perder peso y su dieta no ha cambiado, llama al veterinario cuanto antes” dice Ralston. “Comprueba su hígado y la función de sus riñones, y busca posibles infecciones crónicas.”

 

Durante el examen, tu veterinario puede sugerir un análisis de materia fecal y revisar su calendario de desparasitación. Una plaga grande de parásitos puede no sólo robarle las calorías a tu caballo sino con el tiempo dañar su tracto intestinal hasta el punto de inhibir su capacidad de extraer nutrientes de la comida.

 

Tu veterinario investigará también posibles fuentes de dolor crónico, que puedan hacer que un caballo no quiera comer. De hecho, la pérdida de peso es una de la señales más habituales de úlcera gástrica, junto con problemas dentales, malhumor y mal rendimiento. Tratando cualquiera de estas posibles enfermedades seguramente hará que vuelva a ganar peso.

 

Además, el dolor de la artritis puede interferir en la cantidad de comida que ingiere, si le cuesta caminar hacia los comederos/redes de heno o cubrir andando suficiente terreno para pastar lo que necesita. Se pueden añadir varios comederos/redes de heno en puntos estratégicos haciendo que les resulte más fácil acceder a la comida, y para caballos con dolor de cuello o en la cruz se puede poner la comida en una red o estante a la altura del hombro para que les resulte más cómodo.

 

Problemas dentales. Los problemas dentales de un caballo pueden afectar a su habilidad para comer: un desgaste desigual puede causar puntas, garfios y otras malformaciones que le impidan masticar. Los dientes agrietados, rotos o infectados pueden ser tan dolorosos como para que un caballo no pueda masticar su comida adecuadamente. Además de perder peso, otras señales de que un caballo tiene problemas dentales son que se les caiga comida parcialmente masticada de la boca, mal aliento o que haya trozos sin masticar de heno o grano en sus heces.

 

Hacer exámenes dentales rutinarios ---anualmente para la mayoría de caballos adultos o cada seis meses para caballos mayores o que hayan tenido problemas en el pasado, pueden detectar y solucionar preventivamente problemas antes de que se desarrollen y afecten a la salud general del caballo y a su peso. Cuando llegue a tener 20 o 30 años los dientes de un caballo se habrán desgastado completamente de manera que no podrá masticar heno o comida dura. En ese momento necesitará comida blanda, como pelets de heno remojados, pulpa de remolacha o comida para seniors, para mantener su peso.

 

Problemas sociales. Los caballos que viven en grupos desarrollan distintas jerarquías sociales y los que están en las capas más bajas – a menudo los más jóvenes, los más viejos o los sumisos- pueden ser expulsados del comedero/red de heno y de otras fuentes de comida. Una solución es llevar a este caballo a otro paddock más pequeño o a una cuadra donde pueda comer sin que le molesten. Otra opción para estos caballos es distribuir el heno en diferentes comederos/redes o usar uno donde los caballos puedan acceder desde distintos lados pero sin que puedan quedarse atrapados para que todos puedan acceder a la comida y compartirla.

No olvides que el estatus social de un caballo puede cambiar con el tiempo, y que el hecho de añadir o quitar miembros a la manada puede cambiar toda la ecuación. Controla las condiciones en el campo para asegurarte de que ningún caballo esté siendo apartado de la comida o el agua.

 

Personalidad. Todos los conocemos---los culos inquietos que se pasan todo el rato corriendo arriba y abajo, llamando a otros caballos y pidiendo atención constantemente. A estos entes sociales a veces les cuesta concentrarse en la comida. Puede ser que sea mejor llevarles a comer a un sitio más tranquilo o ofrecerles más comida por la noche, cuando las hípicas están más en paz, para que puedan relajarse y poner toda su atención en la comida.  

 

Luego está el maniático, el que juega con la comida y escoge ciertos bocados de heno y se caga en el resto. Si este es tu caballo, vas a tener que ser creativo, experimentando con diferentes tipos de forraje o cambiando su forma. Algunos caballos que escogen entre el heno comen el formato en pelets sin problemas. Y a veces el caballo que ni mira un gran montón de comida puede comerse esa misma cantidad si se le divide en seis raciones más pequeñas durante el día. Las redes de heno o “slow feeder” u otros sistemas con pequeñas aperturas que permitan que el caballo saque sólo pequeñas cantidades de heno de una vez pueden mantener al caballo interesado en comer durante más tiempo, con menos desperdicio.

 

Condiciones medio ambientales. Los caballos queman más calorías para estar calientes en invierno, pero el calor extremo también puede hacer que pierdan interés en la comida.

En invierno, algunas cosas que se pueden hacer para ayudar a un caballo que tiene problemas en mantener su peso pueden ser ponerle una manta o llevarlo dentro de un establo cuando las temperaturas caigan fuertemente. También asegurarse de que los caballos que viven en el exterior tengan acceso a un refugio que les sirva de escudo contra fuertes vientos. El acceso libre al heno también ayudará a que el caballo genere calor interno como corresponde. Las redes de heno pueden mantener el heno limpio a la vez que harán que la ración dure más.

 

En los días más calurosos del verano, llevar a los caballos a un lugar ventilado, naturalmente o con ventiladores, puede ayudarles a lidiar con el calor, y un refugio que de una amplia sombra es esencial, tanto para protegerles del sol como de las moscas. Los caballos pueden gastar mucha energía pateando, sacudiéndose y huyendo de las moscas. Si en tu área hay un problema con las moscas que muerden, proteger a tu caballo con manta protectoras, sprays, trampas y cualquier otra medida que le ayude a centrarse más en la comida.

 

Naturalmente, tener abundante agua fresca es esencial todo el año – la pérdida de apetito es una de las consecuencias de la deshidratación. Tomar medidas para que el agua no se congele en invierno es crucial, y en verano poner el agua en la sombra puede ayudar a hacerla más apetecible. Remojar la comida a veces puede animar al caballo a comer más, pero no hay que poner nunca más de lo que pueda comer para que lo que sobre no se congele en invierno o se ponga rancio por el calor del verano.

 

Empezando

 

Una vez has identificado las causas más probables de que tu caballo pierda peso, hay que desarrollar una estrategia para que vuelva a recuperar su peso. Si en tu caso es un caballo extremadamente delgado – al que se le marcan las vertebras, costillas y otros huesos – llama al veterinario para pedir ayuda. Proporcionar mucha comida demasiado rápido a caballos que han pasado hambre puede tener serias consecuencias digestivas que pueden ser fatales. No obstante, si tu caballo está sólo moderadamente delgado, probablemente puedas arreglarte tu sólo para hacer que gane peso de nuevo, pero estate preparado para llamar al veterinario si la cosa se complica o si tienes dudas.

 

En primer lugar, es una buena idea establecer un sistema para medir el peso de tu caballo de la forma más objetiva y precisa que puedas. Tienes varias opciones, pero sea el que sea el método que escojas, registra las medidas en un diario, empieza con una base de arranque y observa atentamente cualquier cambio sutil que se vaya dando con el tiempo. Hacerle fotos cuando está de pie en reposo puede ser una buena forma de registrar su evolución. Simplemente no confíes totalmente en tu vista y tu memoria, porque puedes tener dificultades para acordarte de detalles que luego tu veterinario pueda preguntarte.

 

También es importante establecer una buena base de arranque, sea en base a los kilos o en lo que el caballo come actualmente. Si no tienes una forma de medirlo, compra una báscula y pesa la ración normal de tu caballo. Algunos puñados de heno pueden variar de peso, y si los mides en volumen, por ejemplo en un cubo, puedes descubrir que estás dando menos comida de lo que es recomendable en base al peso. Pero es importante saber cuanto come tu caballo para que puedas empezar a aumentar su comida de manera controlada.

 

Si tu caballo ha estado inactivo, considera comenzar un programa de ejercicio moderado. Puede parecer contradictorio hacer que un caballo delgado queme calorías para ganar peso, pero el entreno le ayudará a generar músculo y el ejercicio aumentará su apetito.

 

Cuando crees tu plan, tienes que tener una regla en cuenta: ir despacio. Todos los cambios de dieta en un caballo deben hacerse gradualmente. Tu caballo no adelgazó de la noche al día y no puede ganar peso de manera segura deprisa tampoco. Los cambios bruscos en la dieta de un caballo pueden causar cólicos, laminitis y otras enfermedades.

 

Lo primero, el forraje

 

Antes de que te lances a comprar nuevos productos, el primer paso es aumentar la ración actual de comida de tu caballo gradualmente, y, por supuesto, la piedra angular de una dieta sana para un equino es el forraje. De hecho, un caballo que hace un trabajo de ligero a moderado puede mantenerse en un peso adecuado sólo comiendo forraje.

 

Para mantener un peso saludable, un caballo debe consumir una ración diaria del 2% al 3% de su peso corporal cada día; y al menos el 1,5-2% debe ser en forma de forraje. Eso quiere decir 1 kilo de cada 45 kilos que pese, o 10 kilos para un caballo de 450 kilos sólo para mantener su peso, aún más para ganar peso.

 

Para ayudar a tu caballo a ganar peso, asumiendo que está ingiriendo las cantidades adecuadas de heno de buena calidad, Ralston sugiere aumentar su ración de forraje actual hasta que su ración alcance por lo menos el 2,5% del peso corporal deseado. En otras palabras, si tu caballo pesa 450 kilos, y quieres que pese 500 kg, tu objetivo debería ser un 2,5% de 500, es decir 13 kilos de heno.

 

La calidad del forraje es importante también. Si tu heno y pasto son pobres, entonces tu caballo se está llenando el estómago con fibra pero no obtiene las calorías o nutrientes adecuados. Un asesor agrícola puede asesorarte sobre el valor nutricional de tu pasto o heno. Puesto que hay pocas áreas en las que se pueda tomar pasto de calidad todo el año, la mayoría de nosotros tenemos que apoyar la dieta de nuestro caballo con el heno.

 

Es necesario elegir el heno de mejor calidad que puedas encontrar para tu caballo delgado. Esto quiere decir que sea heno verde, frondoso, con pocos tallos marrones ni cabezas de semillas maduras. Una prueba rápida para comprobar la calidad del heno es estrujar un puñado. Tallos rígidos que te cause molestia en la palma de tu mano no son una buena opción cuando necesitas una alimentación alta en calorías. Si quieres hacer un análisis más científico del heno, puedes enviar una muestra aun laboratorio, para que analicen su valor nutricional.

 

Mezclar un poco de alfalfa de alta calidad con una ración de heno verde es otra forma de añadir valor nutricional a tu forraje. La alfalfa tiene más calorías y proteína que el heno, lo que la hace excelente para ayudar a subir de peso a un caballo delgado. Si tu caballo suele dejar mucho desperdicio con su heno, puede que coma un poco más cuando se le ofrezca alfalfa en copos o pelets.

 

Otro complemento con fibra es la pulpa de remolacha, que contiene la misma energía digerible que el heno de gran calidad. A la mayoría de caballos les gusta la pulpa de remolacha, y es una buena base para mezclarla con complementos y otros añadidos a la dieta como aceites o salvado de arroz. Añádela a la dieta poco a poco, medio kilo (peso en seco) por ración, hasta llegar al 0,5% del peso del caballo. Aunque la pulpa de remolacha es una buena fuente de

calorías, no es una fuente completa de proteína, y es relativamente baja en vitaminas y minerales, así que es mejor usarla como suplemento y no como sustituto de las raciones habituales de tu caballo.

 

Grasas, para subir calorías

 

El forraje puede ser la piedra angular de la nutrición equina, pero no es un alimento denso en calorías y hay un límite en cuanto comerá el caballo al día. Si tu caballo consume todo el heno que quiere y aún así no está ganando peso después de varias semanas, es hora de añadir algunas calorías a su ración.

 

La forma más segura de aumentar la energía en la ración de tu caballo es aumentar el contenido en grasas. Mientras que los hidratos de carbono y las proteínas ofrecen alrededor de 4 calorías por gramo, las grasas ofrecen unas generosas 9 calorías por gramo. Si se introducen lentamente, los caballos pueden adaptarse a ciertas tomas de grasas, sin tener que preocuparse por que ingiera demasiados almidones ni por las fluctuaciones de la glucosa en la sangre ni por los niveles de insulina observados cuando se consumen granos concentrados.

 

Encontrarás muchos suplementos y alimentos en el mercado formulados para ayudar a los caballos a ganar peso de manera segura. La mayoría contienen gran cantidad de grasas así como amino ácidos, vitaminas, minerales y otros nutrientes que ayuden al caballo a generar y mantener músculo. Alguno de estos productos pueden ser caros, no obstante, si tu caballo tiene que tomarlos a largo plazo para mantener su peso.

 

Una de las formas más simples y baratas de añadir grasas en la dieta de tu caballo es usando aceite vegetal, que puede mezclarse con un poco de pienso. A la mayoría de caballos les gusta el aceite de maíz, pero se puede usar aceite de canola, cacahuete o cualquier aceite vegetal que le guste a tu caballo. Aunque hay un debate sobre los ratios ideales ácidos grasos de omega-3 y omega-6 en estos productos, cuando estás intentando que tu caballo coja peso, todas las grasas son buenas. Igual que en cualquier cambio de dieta, el aceite hay que introducirlo despacio, empezando con una cuarta parte de una taza al día y añadiendo otro cuarto de taza al cabo de unos días, hasta llegar a un máximo de dos tazas para un caballo de tamaño medio, mucho menos para caballos pequeños o ponis. Demasiado, demasiado rápido, y tu caballo tendrá diarrea y esteatorrea (restos de grasa en las heces) y sus heces tendrán un brillo grasiento de los aceites no digeridos que pasen por su sistema. Otro problema con los aceites es que pueden ponerse rancios, así que asegúrate de guardar la botella en un lugar fresco y seco y huélelo antes de dárselo.


 

El salvado de arroz es otra fuente de grasa que gusta a la mayoría de caballos y es rica en vitamina E además de en fibra. La única pega con el salvado de arroz es que es alto en fósforo, que puede inhibir la cantidad de calcio del cuerpo del caballo. Si le das salvado de arroz natural, puede que tengas que añadir un suplemento de calcio u otro alimento rico en calcio, como alfalfa. Para estar seguro, considera comprar un producto de salvado de arroz formulado para caballos que contenga calcio añadido para equilibrar el ratio de ambos minerales.

Como con el aceite, el salvado de arroz requiere ser añadido a la dieta despacio, empezando con una taza cada vez, subiendo poco a poco hasta llegar a 250-500g al día. Sigue las instrucciones de la etiqueta sobre las raciones en cualquier producto comercial.

 

Finalmente, concentrados

 

El pienso, los dulces y otros concentrados basados en azúcares habían sido durante mucho tiempo la opción de alimentos altos en calorías para los caballos delgados, especialmente los que trabajan mucho. Son cómodos de usar, pero los beneficios tienen un precio: los alimentos que tienen un alto contenido en almidón y azúcar pueden suponer un riesgo para la salud si se dan en grandes cantidades. Cuando tu caballo come más almidón en una ración de lo que puede digerir en su estómago e intestino delgado, las moléculas no digeridas fermentan en su intestino grueso, aumenta su acidez y desequilibra la población microbiana – no sólo el intestino es menos eficiente digiriendo fibra, los cambios resultantes pueden causar cólicos o casos graves de laminitis.

 

Aunque algunos caballos parecen ser más sensibles a los almidones que otros, según Ralston, “Puedes causar laminitis en cualquier caballo con un repentino exceso de pienso/almidón”

 

Los productos concentrados, que están formulados para una nutrición completa y equilibrada pueden ser una fuente valiosa de calorías para un caballo delgado, pero deben ser administrados sabiamente. En primer lugar, elige un producto que este formulado para el estilo de vida y de actividad de tu caballo. Luego sigue las instrucciones en la etiqueta para añadir el alimento lenta y cuidadosamente en su dieta.

 

Nunca des concentrados en más del 0,5% del peso de un caballo en una ración, dice Ralston. Es decir 2,25kgs en un caballo de 450 kgs. Si tu caballo es de competición y necesita más que esto para ganar peso repártelo en el máximo de dosis posibles a lo largo del día que puedas.

 

No importa el tipo de concentrado o de grasas que incorpores en la dieta de tu caballo, recuerda asegurarte de que al menos tome entre el 1,5% y el 2% de su peso en forraje cada día. Lo necesita para que su intestino funcione como un reloj.

 

El concepto básico detrás de engordar a un caballo delgado es muy simple: darle más calorías, aunque el truco está en los detalles. Puede que lleve algunos intentos encontrar la combinación correcta de forraje, grasas y suplementos para mantener a tu caballo sano y fuerte. Si tienes problemas para conseguir que suba de peso, puedes contactar con un nutricionista equino. Hacer que un caballo perpetuamente delgado se mantenga en su peso puede ser complicado, pero el esfuerzo valdrá la pena cuando le veas moverse por el pasto en forma, fuerte y sano.

 

Este artículo apareció en EQUUS n.º 447, Noviembre 2014. 

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